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Música Clásica y ópera de Classissima

Richard Strauss

sábado 1 de octubre de 2016


camino de musica

18 de agosto

BBC Proms 2016 – Filarmónica de Munich (Gergiev)

camino de musicaBBC Proms 2016 – Filarmónica de Munich (Gergiev) BBC PROMS 2016 – FILARMÓNICA DE MUNICH (GERGIEV) Dentro de los conciertos de los Proms de 2016, hoy traemos el que dió de Orquesta Filarmónica de Munich bajo la dirección de Valery Gergiev. Se interpretaron las siguientes piezas: Maurice Ravel Boléro Sergei Rachmaninov Piano Concerto No 3 en Re Minor 1. Movimiento: Allegro ma non tanto 2. Movimiento: Intermezzo. Adagio 3. Movimiento: Finale. Alla breveo Franz Liszt Grand Etude La Campanella Galina Ustvolskaya Sinfonía No 3 ‘Jesus Messiah, save us!’ Richard Strauss Der Rosenkavalier Suite Hector Berlioz Rákóczi-Marsch Behzod Abduraimov, piano Alexei Petrenko, narrador OrquestaRead More → Todas las Sinfonías y Conciertos para piano de Prokofiev Conciertos para piano de Sergéi Prokofiev Prokofiev: Sinfonía nº 1 “Clásica” –... BBC Proms 2016 – Dies Irae (Verdi, Requiem) Mahler – Gergiev: Sinfonía nº 5

Ópera Perú

11 de agosto

Jonas Kaufmann: Al encuentro con un coloso de la lírica

©Sony Music EntertainmetENTREVISTA. Conversamos con el mas grande tenor de hoy antes de su visita a Lima, anticipando lo que será un inolvidable recital este viernes 12 de agosto en el Gran Teatro Nacional, junto al pianista Helmut Deutsch.Por Gonzalo Tello - desde Buenos AiresÓpera de Paris, año 2004. Producción de Otello en La Bastille con Vladimir Ghalouzine y Barbara Fritolli. El rol secundario de Cassio es cantado y excelentemente actuado por un histriónico joven cantante-actor alemán llamado Jonas Kaufmann. Metropolitan Opera de Nueva York, marzo del 2007. La esperada producción de Franco Zeffirelli de "La traviata" de Verdi traía a la gran Krasimira Stoyanova y un joven Jonas Kaufmann que había debutado en este teatro meses antes, en este mismo rol, junto a la consagrada Angela Gheorghiu. En ambos casos, mis dos experiencias previas en vivo con este cantante, la impresión fue la de un actor importante, de presencia y resaltando en el mar, sin embargo aun no se presagiaba el gran salto que daría este tenor alemán al estrellato.© Julian HargreavesJonas Kaufmann (1946) es hoy por hoy el tenor mas importante y celebrado del mundo. Es el tenor que las casas de ópera se pelean por tener, el que su sola presencia agota entradas desde Nueva York hasta Londres y Viena, y sus conciertos al aire libre congregan a miles. Es el Pavarotti de la actualidad, quizá no con la misma voz, pero si con una presencia y carisma que ha atrapado a muchos fans que compran sus discos e incluso lo han hecho encabezar ranking de ventas.© Gregor HohenbergKaufmann posee una voz que encandila a miles, por una técnica abaritonada que ha ido desarrollando con el tiempo. En sus inicios interpretaba roles de Mozart, Schubert, lieder, entre otros, con una voz mucho mas abierta y ligera. Con el tiempo ha ido perfeccionando la emisión para ofrecernos excelentes interpretaciones como Fausto, Alfredo, Florestán, Tamino o Fierrabras, y ha ido creciendo hacia roles drámaticos como el de Lohengrin, Siegmund, Parsifal, Don José, Turiddu, Canio, Alvaro, Manrico, Des Grieux, entre otros, que podemos disfrutar en una gran cantidad de videos comerciales o en Youtube. Y es que Kaufmann se ha vuelto tan atractivo que es una maquinaria comercial.Incluso rubros como el pop han sucumbido a su talento. La cantante Madonna expresó su gusto por el tenor y la intención de hacer una colaboración con el. Se los vio juntos varias veces y se especuló romance en la prensa del corazón. Kaufmann negó los rumores. Con su disco "Álbum de Berlín" en que canta canciones populares de los inicios del siglo XX, Kaufmann logró encabezar ranking de ventas de discos pop.Legendarios directores como Richard Eyre aseguran que Kaufmann es un gran actor como Robert de Niro o Al Pacino, y brilla en cada interpretación, dejando una impresión inolvidable en el público.© Brigitte Lacombe / Metropolitan OperaGracias a las transmisiones en cine que nos llegan desde Nueva York o Londres, hemos podido seguir la evolución de Kaufmann a través de roles como el Fausto, Werther, Don Carlo, Siegmund, Parsifal o Andrea Chénier, con resultados extraordinarios y en los que podemos apreciar su sencillez y buen humor a través de entrevistas o escenas extendidas. Los grandes logros de Kaufmann lo han hecho acaparar las portadas y los premios mas importantes dedicados a la lírica, así como haber sido el único cantante que da un recital en solitario junto al pianista Helmut Deutsch, sobre el escenario de la Metropolitan Opera, algo que no pasaba desde que Luciano Pavarotti lo hiciera en 1994.Su concierto "Una noche con Puccini" por el que mereció ovaciones de pie en La Scala de Milán, fue transmitido en cines de EE.UU. y Europa, y ha impulsado su álbum dedicado a Puccini a ser éxito de ventas.Promoción de "Andrea Chénier" © Royal Opera HouseEn su página web podemos encontrar decenas de grabaciones comerciales de varios géneros en los que Kaufmann destaca, como óperas de Verdi, Puccini y Wagner, los tres compositores que mas interpreta.Es por todo lo anterior mencionado y mas que el debut de Kaufmann en tierras sudamericanas ha generado una enorme expectativa. Por primera vez la voz del tenor se escuchará en Buenos Aires, Sao Paulo, Santiago y Lima, tanto con orquesta como acompañado por el célebre Helmut Deutsch, uno de los pianistas acompañantes mas reconocidos en el género del lieder.© Prensa Teatro Colón / Arnaldo Colombaroli.Fui testigo hace escasas horas del triunfo de Kaufmann sobre el escenario del mítico Teatro Colón, cantando canciones de Mahler junto a la Orquesta del Diván Este-Oeste, dirigida por Daniel Barenboim, y dando dos bises de Richard Wagner: El "Winterstürme" de "Die Walküre" y la canción "Traüme", que fue interpretada al piano por Barenboim. Luego de esta presentación dará recitales al pìano en Lima, Sao Paulo y sobre este mismo escenario, y terminará la gira con un concierto en la Movistar Arena de Santiago.Conversamos con Jonas Kaufmann, quien a pesar de su talla como estrella de la ópera no deja de lado la sencillez y una forma de ser muy juvenil y directa. Quizá ahí reside la clave de su éxito.¿Cuánta responsabilidad sientes al ser llamado “el mejor tenor del mundo? ¿Cuán difícil es mantener un alto estándar en cada presentación?Bueno, eso es algo ambivalente. Por supuesto que es un gran honor, pero también es una responsabilidad y algunas veces una traba. Mientras mas alto es el pedestal en que te ubican, mas grande es la caída. He visto a muchos cantantes ser adorados con superlativos a cierto grado que muchos lo toman como una provocación y comienzan a objetar. Personalmente, soy cuidadoso con adjetivos superlativos en las artes. En deportes, tu puedes decir “este es el corredor mas rápido, el nadador mas rápido…”. Pero, ¿el mejor cantante? ¿el mejor director? Prefiero que la gente diga: “Esta es una interpretación que nunca olvidaré”.La soprano Renée Fleming estuvo recientemente en Lima y ella elogiaba el que hagas  Yoga antes de cada función. ¿Cuáles son los secretos que te ayudan a obtener lo mejor de cada presentación? Yo no creo que tenga algo como un “secreto”. Así como en la alta competición en deportes, todo depende de estar listo, mental y físicamente. Lo cual implica calentar el cuerpo (no solo la voz), haciendo Yoga o entrenamiento autógeno.Hoy eres considerado como el “Rey de la ópera”, pero quizá sea en las canciones donde demuestras de manera integral tus capacidades. ¿El cuál repertorio te sientes mas cómodo y crees que muestre lo mejor de tu arte? Sin querer disminuir la importancia del gran canto lírico, pienso que el ´lieder´es la “Royal class” (Clase Real) sobre todos los géneros de canto. Este canto demanda un toque mucho mas delicado que cualquier otra disciplina, mas color, matices, control dinámico, un manejo mas sutil de la música y texto. Uno está expuesto todo el tiempo, eres solo tu y el pianista, ambos son responsables de todo el evento y no pueden acusar a nadie mas si algo sale mal. Por el otro lado, eres absolutamente libre de todas esas cosas de las que dependes cuando cantas ópera. No necesitas hacer compromisos, puedes siempre ser fiel a ti mismo. Pero tienes que mantener a la audiencia atenta, de inicio a fin. Tu no cuentas una historia como en la ópera, sino veinte pequeñas historias, siempre cambiando el humor, estilo, idioma, y expresión. Para mi, esto es mucho mas demandante y fascinante.¿Planeas debutar nuevos roles demandantes, como Tannhäuser o Tristan, pronto? No pronto, pero ambos Tannhäuser y Tristan llegarán.¿Cuáles han sido los logros que has disfrutado mas?Mi debut en la Ópera de Paris en el 2010 con “Werther”. Un alemán cantando ese rol en el epicentro de la ópera francesa - Eso fue mucho, y no puedes imaginarte cuan feliz estuve de la respuesta entusiasta de la audiencia.  Un caso parecido, aunque mas difícil, fue mi concierto de Puccini en La Scala en junio del 2015. A pesar de todos los cambios que se han dado en la ópera, La Scala se mantiene como lugar especial por varios aspectos. Que un cantante alemán de un recital dedicado a Puccini es una gran cosa. Bueno, yo ya había cantado "Tosca" allí antes, y tenía la impresión de que me aceptaban cantando repertorio italiano...pero para lo que no estaba preparado era para esas ovaciones de pie aquel día. Fue un de los mas felices en mi carrera.Has grabado mucho discos de diversos repertorios y géneros, y próximamente llegará "Dolce Vita" dedicado a las canciones napolitanas...("Dolce Vita") es una colección de canciones populares italianas, desde la época de Caruso y Gigli hasta las de Luciano Pavarotti, Zucchero y Lucio Dalla. Incluye temas como "Caruso", "Mattinata", "Core n´grato", "Torna a Surriento", "Voglio vivere così", "Passione", Musica Proibita", "Volare", "Parla più piano", "il canto" y " Con te partiró". Es un amplio rango considerando el estilo, pero se demostrará con este álbum que en Italia la melodía es una fuerte y continua tradición que nunca se detuvo, pues es parte escencial de la cultura italiana. Esta música fue escrita para conmover a la gente, y eso es exactamente lo que quiero hacer cuando la canto.¿A qué tenores del pasado admiras mas? Hay muchos a los que admiro, desde Caruso y Björling, a Corelli, Bergonzi, Vickers, y los “Tres tenores”, Pavarotti, Domingo y Carreras. No nos olvidemos de Nicolai Gedda, quien campeonó en una enorme variedad de diferentes estilos e idiomas. O Fritz Wunderlich, con esa increíble energía y total envolvimiento que nunca decepcionó al oyente! Sus grabaciones de “Granada” o “La canción de la Tierra” están entre mis discos para una isla desierta.Si tuvieras que elegir llevarte solo una partitura, ¿cuál sería?¡Afortunadamente nunca me obligarán a tomar esa decisión! No, francamente, no puedo responder a esa pregunta. Si me preguntan por mi rol favorito, suelo decir: “El que interpreto esta noche”.¿Qué incluirá el programa que lleves a Lima?La primera parte contendrá una colección popular de canciones de Franz Schubert y Robert Schumann, seguida por maravillosas canciones escritas por Henri Duparc.  En la segunda parte ofreceremos los "Sonetos de Petrarca" de Franz Liszt y una colección de canciones de Richard Strauss, incluyendo “Heimliche Aufforderung” y “Cäcilie”. Artistas alrededor del mundo gustan del calor y la acogida de las audiencias latinoamericanas. ¿Cuales son tus expectativas en esta primera visita a la región?Estoy muy ansioso con mi debut en Sudamerica. No solo como experiencia profesional, sino en cada aspecto: Gente, cultura, ciudades, el campo, ¡todo!Jonas Kaufmann llega a Lima gracias a TQ Producciones, y se presentará este viernes 12 de agosto en el Gran Teatro Nacional junto a Helmut Deutsch. Las entradas están a la venta en Teleticket.




Ya nos queda un día menos

21 de julio

Sinfonía alpina, de Richard Strauss: discografía comparada

Richard Strauss escribió Eine Alpensinfonie entre 1911 y 1915; no coincide en el tiempo, por tanto, con sus más conocidos poemas sinfónicos, pues el genial compositor ya había dado a la luz obras como Salome, Elektra y Rosenkavalier. Sería más bien contemporánea de Ariadne auf Naxos, lo que nos habla de un artista en plena madurez que domina como nunca nadie lo ha hecho los recursos de la gran orquesta sinfónica. Hay varías líneas interpretativas posibles. La más ortodoxa consiste en seguir el programa y realizar una descripción de un amanecer en los Alpes bávaros, el camino a través de prados, bosques y cascadas, la llevada a la cumbre para contemplar el impresionante paisaje y el posterior descenso en medio de una terrorífica tormenta –si ustedes han escuchado tronar en la alta montaña saben de qué les hablo–, para concluir en un atardecer meditativo y filosófico. La otra, que no resulta excluyente con la anterior, interpreta el hilo argumental como una metáfora de la vida humana: nacimiento, juventud, plena madurez –la cumbre–, tormentos de la vejez y abandono de este mundo. Al mismo tiempo, están los directores que potencian los aspectos más líricos y ensoñados de la partitura, mientras otros se muestran partidarios de marcar aristas y de hacer la interpretación lo más escarpada posible. La siguiente selección de grabaciones aspira a recoger todas esas posibilidades. Sobre las puntuaciones, debo apuntar que en más de un caso he dudado mucho a la hora de poner una nota. Quizá debería haber recurrido a usar decimales, pero no me gusta hilar tan fino. Lo que sí debo dejar claro es que esta es la comparativa en la que más he tenido en cuenta la calidad de la orquesta, cosa que ustedes comprenderán a la perfección habida cuenta de las características de la partitura de la que estamos hablando, extremadamente exigente en lo que a virtuosismo, brillantez y maleabilidad se refiere.   1. Böhm/Staatskapelle de Dresde (DG, 1957). Karl Böhm fue el más grande straussiano del siglo XX, y aunque a finales de los cincuenta todavía no había alcanzado su mayor grado de inspiración interpretativa, nos encontramos aquí ante una dirección de considerable nivel. Dirección amplia y poderosa que es llevada con perfecto pulso, absoluto control y mucha decisión hacia clímax de grandeza abrumadora y un punto opresiva: la visión del maestro es antes dramática que descriptiva. La tormenta resulta terrorífica, y a partir de ahí se podía pedir un punto más de emotividad poética en la reflexión final. En cualquier caso, el único reparo serio es la relativa calidad de la orquesta, que por mucho que fuera la que había estrenado cuarenta y dos años atrás la obra, suena bastante destemplada –particularmente en los metales– para quienes estamos acostumbrados a las increíbles máquinas de hacer música de hoy día. La toma es monofónica, pero de buena calidad. (8) 2. Kempe/Royal Philharmonic (Testament, 1966). Aun encontrándonos ante una interpretación dicha con ganas, de una pieza, irreprochable idioma straussiano y ajena a efectismos, lo cierto es que la batuta del maestro nacido en Dresde se muestra algo lineal, no aprovechando muchos pasajes que requieren mayor vuelo lírico y necesitando un tratamiento orquestal de mayor plasticidad. La claridad no está siempre conseguida, mientras que el final no resulta todo lo inquietante que debiera. En lo que se refiere a la orquesta londinense, los metales resultan algo estridentes y desabridos. La grabación es buena en lo tímbrico, pero se queda corta en gama dinámica y no equilibra bien los planos sonoros. (7) 3. Kempe/Staatskapelle de Dresde (DVD Audio EMI, 1971). Aun más lograda que su registro con la Royal Philharmonic, esta grabación no se mantiene hoy tan vigente como su enorme prestigio nos pudiera hacer pensar. Además de que la orquesta que estrenó la partitura sigue estando en baja forma, flaqueando sobre todo por unas trompetas más bien estridentes, por parte de Kempe las inspiración se muestra algo irregular: las melodías no están del todo paladeadas, hay una cierta falta de aliento poético y al tramo final se le podría sacar más partido. En cualquier caso, el maestro muestra un desarrollado instinto del color y de las texturas –a destacar el incisivo y sarcástico tratamiento de las maderas–, sabe construir el edificio sin vacilaciones y ofrece momentos de una enorme intensidad emocional, particularmente en el desgarrado clímax tras finalizar la tormenta. La toma sonora presenta distorsión, pero gana mucho cuerpo en el hoy descatalogado DVD audio, sobre todo en lo que al registro grave se refiere, poderosísimo, si bien apenas se nota la cuadrafonía salvo en las trompas fuera del escenario, que suenan verdaderamente distanciadas, y la escena de las vacas, que pasan “por delante” de la orquesta. Supongo que el nuevo reprocesado de Warner habrá mejorado las cosas en CD. (8) 4. Solti/Sinfónica de la Radio Bávara (Decca, 1979). Nadie puede negar a Solti haber sido uno de los grandes expertos en el sonido straussiano, y desde luego en este registro –en Múnich y no con su orquesta de Chicago, curiosamente– lo demuestra con creces ofreciendo un increíble dominio de las texturas, brillantez a raudales y una vitalidad portentosa. Pero lo cierto es que, tras un amanecer muy conseguido, el maestro da una de cal y una de arena alternando pasajes de enorme garra con otros lastrados por la precipitación –le dura solo 44’19’'– en los que las melodías no se desarrollan con la cantabilidad, la grandeza ni la emotividad que la partitura demanda. Eso sí: soberbiamente grabada, la orquesta funciona a pleno rendimiento bajo la batuta de un maestro que extrae de la misma unos colores más incisivos de lo que en ella es habitual. (7) 5. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1981). En el momento más inspirado de su carrera, y también en el de mayor dominio del idioma straussiano –poco después vendría su genial Rosenkavalier–, el de Salzburgo firmó uno de los mejores discos de su carrera con esta interpretación que no es personal ni creativa, pero sí irreprochable en la comprensión de la obra. Karajan encuentra el punto justo de elegancia y decadentismo, sin blanduras pero también mostrándose ajeno a los excesos, sabiendo ser descriptivo, pintoresco y amable sin renunciar a lo dramático –tremenda la tormenta– ni a lo trágico –el final desprende el adecuado amargor–. Todo ello lo plasma en sonidos con la mayor perfección imaginable, tanto en lo que al trazo se refiere –acenso y descenso planificados con absoluta naturalidad– como en lo que respecta al equilibrio de planos –se escucha todo–, al tratamiento del color –riquísimo, con portentosa sensualidad straussiana– y a la plasticidad de las texturas, expuestas con un preciosismo y refinamiento al alcance solo de las más geniales batutas. La Filarmónica de Berlín, redonda en sonoridad y con un registro grave aquí de lo más adecuado, es la ideal para esta obra. (10)  6. Previn/Orquesta de Philadelphia (EMI, 1983). Una interpretación de línea digamos “objetiva”, directa, decidida y entusiasta, admirablemente trazada, irreprochable en el idioma y brillante en el punto justo –no hay exceso alguno–, como tampoco de melifluidad o carácter en exceso contemplativo. Alguna frase podía estar un poco más paladeada, y el último cuarto de la obra podía alcanzar aún más magia y profundidad –al final se le podía sacar más partido–, pero en conjunto es una recreación de muy alto nivel, lo que tiene mucho que ver con la fantástica ejecución de la orquesta: quizá por ella le podemos poner sobresaliente al resultado, y no el notable alto que en realidad merece la batuta. La toma no es del todo clara ni natural en lo tímbrico, aunque alcanza gran gama dinámica en la tormenta. (9) 7. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD Sony, 1983). Extrañamente el de Salzburgo muestra aquí cierta desconcentración que le lleva a no ofrecer toda la grandeza posible ni a desgranar las melodías con la mayor cantabilidad, ni siquiera a ser todo lo claro que acostumbra: el registro en estudio es sin duda superior. En cualquier caso, Karajan termina ganando la partida por su sentido del color, su brillantez, su elocuencia y, claro está, por la espectacularidad de una impresionante tormenta. La gama dinámica del DVD es realmente amplia. (9)   8. Haitink/Concertgebouw (Philips, 1985). Como es habitual, el maestro holandés no se muestra creativo ni personal, pero sí perfecto en la arquitectura, irreprochable en la musicalidad, ortodoxo en el estilo y, en esta ocasión, muy sincero. La arquitectura está perfectamente trazada, los aspectos descriptivos están muy conseguidos, el clímax central alcanza fuerza sin retórica, la tormenta despliega mucha fuerza y la meditación final, ya que no muy filosófica, exhibe serena belleza. El final es más sobrio y digno que pesimista. La orquesta, fabulosa: como en el anteriormente citado registro de Previn, es por el esplendor orquestal –y no tanto por la batuta– por lo que esta interpretación se merece el sobresaliente. (9) 9. Maazel/Radio Bávara (RCA, 1988). Interesantísima aportación de un Maazel que deja de lado la delectación melódica, la ensoñación lírica y la grandiosidad épica para subrayar los aspectos más escarpados, dramáticos y sombríos de la partitura. La tormenta es más electrizante y terrible que poderosa, mientras que final resulta particularmente descorazonador e inquietante. Ahora bien, el enfoque es resulta tan unitaleral que en algún momento se echa en falta algo más de poesía. Sin duda espléndida –como con Solti– la orquesta muniquesa, aunque la batuta procura que suene más rústica que propiamente straussiana. Magnífica la toma sonora, asombrosa si se escucha en Dolby Surround. (9) 10. Blomstedt/Sinfónica de SanFrancisco (Decca, 1989). El maestro de origen sueco se muestra aquí antes como un sólido y sensato kapellmeister de espléndida técnica e irreprochable musicalidad –no hay espacio para melifuidades ni para excesos– que como un verdadero recreador de lo que se le pone por delante. Todo está en su sitio, el trazo es perfecto –nada de nerviosismo– y los clímax alcanzan una electricidad y fuerza dramática impactantes; pero el lirismo, la sensualidad y el carácter humanístico que también se encuentran en la partitura parecen escapársele en buena medida. Una visión, en cualquier caso, que termina siendo atractiva por su carácter escarpado y el regusto amargo que desprende, aparte de por la espléndida toma sonora con que los ingenieros de Decca realzan los buenos mimbres de la Sinfónica de San Francisco. (8) 11. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1992). Nos encontramos aquí ante una visión eminentemente humanística y filosófica, muy alejada de lo descriptivo y pintoresco, lo que quiere decir que alcanza sus mejores momentos en todo el tramo final, de una hondura y belleza admirables, pero también que se queda algo corta de sentido del color, de constrastes y de matización de las intervenciones solistas en otros momentos. Tales insuficiencias por parte de la batuta las compensa la ejecución orquestal difícilmente superable de una orquesta que aquí suena de modo magnífico, pero muy alejada de la opulencia y la delectación sonoras.  (9) 12. Ozawa/Filarmónica de Viena (Philips, 1996). Esta interpretación deja bien claras las características directoriales del maestro japonés: fraseo fluido, flexible y muy elegante, agilidad bien entendida, tímbrica rica –antes suave que incisiva–, brillantez controlada a la perfección y, en el lado negativo, tendencia a lo superficial y lo descafeinado, o al menos a ofrecer interpretaciones más bien complacientes y no muy ricas en pliegues expresivos. En este sentido, el primer tercio de la obra resulta un tanto naif y pintoresco, antes que verdaderamente poético. Poco a poco Ozawa se va centrando y alcanza picos de tensión muy impactantes, para luego ofrecer una tormenta de gran vistosidad y clímax particularmente terrorífico. La sección final, hermosísima pero de nuevo no muy honda ni conmovedora. Menos mal que está la orquesta vienesa para arregar un poco las cosas. (8) 13. Sinopoli/Staatskapelle de Dresde (DVD y YouTube Euroarts, 1998). La orquesta que estrenó la obra, ahora sí en espléndida forma pese a ciertas inseguridades en los metales, se pone al servicio de la infravalorada batuta del director veneciano para ofrecernos una interpretación eminentemente colorista y descriptiva, de desarrollado sentido del color y de las texturas, elevada brillantez –en absoluto grandilocuente– y gran atención a los efectos pintorescos y onomatopéyicos, en la que sólo hay que reprochar cierta falta de dimensión filosófica en los minutos finales. Como ven, el propio sello Euroarts la ha subido íntegra a YouTube. Disfrútenla. (9) 14. Thielemann/Filarmónica de Viena (DG, 2000). Thielemann se mira en el espejo de Karajan para construir una lectura descriptiva y colorista antes que inquietante, suntuosa en la sonoridad, refinada pero también de enorme opulencia, cantada con amplio aliento lírico e idóneo idioma straussiano. El problema es que el maestro berlinés, además de no posser el increíble virtuosismo de su ídolo a la hora de tratar las texturas, tiende en exceso a lo bucólico y ensoñado en los momentos más líricos, hasta el punto de que en algunas frases resulta no solo en exceso ternurista, sino también un tanto empalagoso, por no decir blandengue. La espléndida orquesta no parece terminar de sonar como ella suele, aunque esto puede ser debido a una toma sonora que, aun ofreciendo una enorme potencia durante la tormenta, no llega a la máxima categoría posible para la época. (8)  15. Wit/Staatskapelle Weimar (Naxos, 2005). El maestro polaco nos ofrece una singular recreación, de perfecto idioma pero en una línea mucho antes contemplativa que dramática, opción que termina produciendo algunos desequilibrios. Maravillosa resulta la primera mitad de la obra, ascendiéndose a la cumbre con una sensualidad, una comunicatividad y una nobleza admirables, cantando las melodías con una extraordinaria concentración y una gran dulzura –sin caer en el empalago– y no dejándose llevar por la descripción pintoresquista, sino optando más bien por una serena reflexión; de ahí que se pueda echar de menos mayor riqueza tímbrica y atención a las texturas. El clímax es magnífico: sereno y grandioso. A partir de ahí la batuta pierde algo de tensión interna, no siendo del todo inquietante el paisaje de calma previo a la tempestad y echándose de menos en esta última mayor electricidad, virulencia e incisividad. Eso sí, no hay la menor concesión efectista. El final vuelve a ser muy noble y hermoso, aun sin el regusto amargo y la hondura trágica de otras lecturas. La orquesta se comporta muy bien. (8) 16. Luisi/Staatskapelle de Dresde (Sony, 2007). De nuevo la Staatskapelle en una interpretación que es un prodigio por su arquitectura global, por su claridad, por su colorido, por sus texturas, por su carácter descriptivo más no pintoresco, y asimismo por la capacidad para resultar brillante sin caer en la retórica. Quizá el amanecer resulte algo más nervioso de la cuenta y sobre alguna frase algo empalagosa en la primera parte. La tormenta está llena de fuerza, al mismo tiempo que el maestro logra de maravilla que se escuchen todos y cada uno de los detalles instrumentales. Sólo cabe pedir un poco más de reflexión filosófica en la sección final, justo lo que era el punto fuerte de un Barenboim. El final, más que siniestro, es seco y distante. La orquesta está ahora mejor que nunca, ofreciendo una sonoridad muy hermosa y mostrándose cuajada de solistas muy musicales. Fantástica la toma, sencillamente una de las mejores grabaciones de la música de Strauss que se hayan realizado. Intenten conseguir el SACD: ahí luce en todo su esplendor. (9) 17. Bychkov/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2008). El idioma es irreprochable, el pulso está bien sostenido –los tempi son rápidos–, no hay excesos ni melifuidad y la brillantez está garantizada, pero Bychkov se muestra bastante impersonal (¿a alguien le sorprende?), poco creativo e incapaz de destilar poesía en los pentagramas, siendo el resultado más bien plano y echándose de menos compromiso y variedad expresiva. Tampoco atiende mucho a la disección del entramado orquestal. Eso sí, impresionante la Filarmónica de Berlín, que aporta mucho a la interpretación. (7) 18. Haitink/Sinfónica de Londres (LSO Live, 2008). Esta interpretación en vivo no es mejor que la anterior en estudio a cargo del mismo director, pero sí complementaria. La jornada ya no es la de un hombre maduro en plenitud de facultades, sino la de un anciano en el ocaso de su vida. Se ha perdido buena parte de la fuerza y la jovialidad de entonces, también de la fascinación ante el paisaje y del goce ante lo pintoresco. A cambio nos ofrece el maestro holandés una mayor dosis de sensualidad, lirismo y poesía, adoptando una visión más serena, contemplativa e incluso ensoñada, más paladeada y trabajada con mayor plasticidad y sentido atmosférico. El arranque resulta particularmente brumoso. Hay alguna intervención solista algo blanda al llegar a la cima, muy ensoñada. La tormenta tiene menos fuerza que antes. El final, amplio y con una buena dosis de dulce melancolía, también con un punto de misticismo panteísta, mira hacia el último Strauss, el de los Cuatro últimos lieder, y se disuelve en las mismas espesas brumaas del principio. La toma sonora es un poco turbia, como suele ocurrir con las realizadas en el Barbican Hall, pero en un reproductor de SACD nos ofrece un relieve y una espacialidad admirables, así como la posibilidad de escuchar las trompas “off-stage” por los canales traseros. (9) 19. Luisi/Staatskapelle de Dresde (YouTube, 2009). Repetición de la jugada –o casi: es un poco más rápida y hay alguna que otra pifia propia del directo– por parte de Luisi y la formación de la que entonces era titular en los Proms de 2009. Hay imágenes y el vídeo es gratuito, pero esta filmación de la BBC dista de poseer la asombrosa calidad sonora del registro de estudio dos años anterior, que recomiendo con mayor entusiasmo. (9) 20. Nelsons/Ciudad de Birmingham (Orfeo, 2010). El joven maestro deja de lado toda elucubración filosófica para ofrecer una interpretación juvenil, extrovertida y de marcado carácter narrativo, decidida pero fraseada con amplitud –sin caer en las premuras de un Solti–, de sonoridad muy adecuada para el compositor y de incuestionable musicalidad. Ahora bien, se encuentra realizada con más atención al trazo global, irreprochable, que al detalle y al cuidado por exponer todo el entramado polifónico, lo que implica que hay líneas que no se oyen del todo bien, con indepenencia de que las texturas estén adecuadamente tratadas. A destacar la buena planificación de tensiones hacia la cumbre, culminando en una intensísima Visión. La tormenta es nerviosa y no poco violenta. Muy concentrado el final. La orquesta, recogida de manera no particularmente brillante por los ingenieros de sonido, funciona de manera espléndida en esta toma en público. (9) 21. Harding/Orquesta Saito Kinen (Decca, 2012). El tantas veces pretencioso y mediocre Harding nos da aquí la monumental sorpresa con una lectura de perfecto idioma, excelente trazo, buen aunque no excepcional trabajo con las texturas –espléndida la cascada– y muy considerable inspiración poética, que se encuentra llena de grandeza sin retórica en sus clímax y, en el plano conceptual, alcanza un admirable equilirio entre lo descriptivo y lo filosófico: tras una tormenta muy lograda, toda la sección final se eleva a cotas realmente emotivas de amarga reflexión sobre la condición humana. Lo menos extraordinario es quizá la sección digamos paisajística, donde sobra algún portamento y hay ciertos coqueteos con el ternurismo, aunque sin llegar a caer en él. Espléndida la orquesta (¡con Baborák como primera trompa!). La toma sonora, siendo más que notable, no es la mejor de las posibles, aunque en HD audio la percusión alcanza un relieve abrumador. (9) 22. Maazel/Philharmonia (audio en YouTube, 2014). El maestro franco-americano contaba ochenta y cuatro años –quedaban tan solo cuatro meses para su fallecimiento- cuando ofreció en el Royal Festival Hall de Londres esta Alpina que recogieron los micrófonos de la BBC y algún alma caritativa ha subido –no hay imágenes en movimiento, claro- a YouTube. Les recomiendo vivamente que la escuchen –las distorsiones y saturaciones de la toma son soportables-, porque se trata, sencillamente, de la mejor dirección de todas las aquí presentadas. ¿Diferencias de su grabación oficial en Múnich? Pues aparte de la extrema lentitud que ahora alcanza (66’50’’, todo un récord), lentitud que no supone merma alguna en la extraordinaria tensión interna de la interpretación (¡qué técnica de batuta!), el sentido de lo dramático y de lo escarpado del que hacía gala veintiséis años atrás se ve ahora ampliamente enriquecido con conceptos como la sensualidad, la delectación melódica, la nobleza y, sobre todo, la reflexión humanística y filosófica, todos ellos desarrollados en grado superlativo y expuestos en lo puramente sonoro con un lenguaje straussiano de libro, además de con una asombrosa claridad en las texturas. Cierto es que los metales de la orquesta no siempre superan las terribles demandas de la partitura, pero lo de la batuta es tan genial que el resultado no se puede calificar con menos nota de la máxima permitida. (10) 23. Thielemann/Staatskapelle de Dresde (Blu-ray Cmajor, 2014). Estaba cantado que la orquesta que estrenó la obra tenía que volver a grabarla con su nuevo titular, un Christian Thielemann que demuestra su sintonía con el universo de Richard Strauss en una recreación que, insistiendo en la línea más narrativa que profunda de un Karajan, evita caer en el excesivo ternurismo de su grabación de 2000 con la Filarmónica de Viena mientras que sigue ofreciendo colorido, elocuencia y muy acertados matices expresivos. A pesar de ello, y tratándose de una lectura de gran categoría, las cosas no terminan de alcanzar el mayor nivel posible: la introducción resulta algo nerviosa, a la salida del sol le falta grandeza, hay algún que otro momento en el que falla la concentración y, en general, se echan de menos el refinamiento de las texturas, la poesía y la magia sonora del citado Karajan. La orquesta rinde de manera formidable, aunque los metales no son comparables a los de las mejores formaciones europeas. La imagen es espléndida en Blu-ray, pero sorprendentemente la toma sonora no alcanza la calidad increíble de la interpretación de la misma orquesta con Luisi. (8) 24. Nelsons/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2015). Con una orquesta sin duda superior a la de Birmingham, aunque no exenta de algunas leves vacilaciones propias del directo, Nelsons vuelve a demostrar su excelencia a la hora de interpretar la obra ofreciendo un trazo global perfecto, fuerza expresiva controlada con mano maestra, apreciable sentido narrativo y brillantez tan comunicativa como ajena a la retótica. Ahora, quizá, la Visión resulte menos extrovertida y algo más madura que antes, y si el resultado final no llega a la altura de las más grandes recreaciones fonográficas de la pieza sea porque –como en su grabación para Orfeo– se echa de menos un trabajo aún más minucioso con los detalles y con las texturas; también porque sobra alguna frase algo más sentimental de la cuenta en la primera parte de la obra y, sobre todo, porque la meditación final resulta un punto más resignada, digamos religiosa en el sentido más tópico del término, de lo que hubiera sido preferible. La toma sonora no ayuda: se queda algo corta a la hora de recoger la amplia gama dinámica que exige la partitura. (9)

Ya nos queda un día menos

14 de julio

El Rosenkavalier de Carlos Kleiber y Otto Schenk en Viena

Como también voy a ver Rosenkavalier en Múnich, en producción de Otto Schenk y con Kirill Petrenko dirigiendo, he vuelto a una filmación que adoramos la inmensa mayoría de los melómanos: la que se realizó en marzo de 1994 en la Ópera de Viena, dirigiendo Carlos Kleiber y con otra producción distinta del propio Schenk, que por cierto también había sido filmada contando con la batuta del berlinés unos cuantos años antes y editada en doble DVD por el mismo sello que esta que ahora comento, Deutsche Grammophon. ¿Qué quieren que les diga a estas alturas de semejante maravilla? Pues miren por dónde, quizá le pueda poner algunas pegas al mítico maestro: hay momentos en las que claramente se precipita –comenzando por el mismo arranque– y no deja a la música respirar como debe, y resulta muy cierto –creo que ha sido Ángel Carrascosa uno de los pocos en señalarlo– en los que se echa mucho de menos ese particular sentido del decadentismo bien entendido, esa magia sonora y, sobre todo, esa atención a los aspectos más melancólicos de la partitura que se encontraban en la descomunal, increíble grabación de Karajan de los años ochenta para DG. Dicho esto, lo de Kleiber es asombroso por su mezcla de electricidad y elegancia, por la flexibilidad de su fraseo (¡qué dominio de la agógica!), por la manera en la que maneja colores para pasar de lo sensual a lo incisivo y burlesco en cuestión de segundos, por el desarrolladísimo sentido teatral de que hace gala en todo momento, y también por un sentido del humor que sabe ser refinado y rústico al mismo tiempo, distinguiendo bien a Ochs y su mundo del de la Mariscala. Pero lo es, sobre todo por su asombroso dominio del idioma vienés, es decir, de esos valses vieneses a los que Richard Strauss homenajea de manera tan anacrónica como sugerente a lo largo de toda esta auténtica obra maestra de la lírica. Aun con los reparos antedichos, un prodigio. De la Mariscala de Felicity Lott, solo les diré que la primera vez que vi este video me emamoré de ella, y aún lo sigo estando. Su canto resulta todo lo exquisito y matizado que debe, pero lo más impresionante es el rostro, bellísimo, de esta señora: no se puede ser más elegante y más expresiva al mismo tiempo. Todos y cada uno de sus gestos faciales están calculados, en perfectísima sintonía con la música, para explicar la psicología del personaje. Si la Schwarzkopf sigue siendo la perfección absoluta en el rol desde el punto de vista vocal, Dame Felicity es la número uno en el plano dramático. Solo por verla a ella ya merece la pena tener en la estantería este vídeo. Pero hay más, claro. Por ejemplo, una excelsa Anne Sophie von Otter que desprende juventud y sano erotismo como Octavian. O una Barbara Bonney algo apurada en las notas más agudas pero deliciosa haciendo de Sophie. Por no hablar del inmenso Ochs de Kurt Moll, irreprochable en lo vocal y fantástico como actor. Estupendo nivel en los secundarios, entre los que sobresalen Gottfried Hornik y Heinz Zednik como Faninal y Valzacchi respectivamente. La producción me gusta mucho: tradicional a más no poder, respetuosa con el libreto punto por punto, suntuosa y algo más recargada de la cuenta pero muy bella en lo visual, y bien resuelta en lo que a personajes y situaciones se refiere. Entiendo que a dia de hoy cosas como esta puedan resultar un tanto anticuada, pero en una obra como El caballero de la rosa, precisamente un rendido homenaje a los tiempos pasados, disfrutar visualmente con esta Viena del segundo tercio del XVIII tan lujosamente recreada resulta un verdadero placer. La única nota negativa la pone la edición: el formato de la imagen es 19:9, pero viene sin mejora anamórfica, lo que significa que hay que hacer zoom con el televisor y se pierde definición. La toma sonora, sin ser la mejor posible, es bastante buena, y se ofrecen los muy peculiares subtítulos de Angel-Fernando Mayo. En fin, si no conocen este vídeo, véanlo inmediatamente: se trata de una de las cuatro o cinco mejores filmaciones de ópera que existen. Y ahora, abandono el blog por unos días mientras estoy de viaje. Hasta pronto.



Cuestión de Sensibilidad

12 de junio

La Trompa de Strauss (hijo)

Es muy posible que el compositor-hijo más famoso de la historia haya sido un Strauss, concretamente Johann Strauss II. Perteneciente a esa gran familia de músicos austríacos de tan distinguido apellido, para siempre asociados al vals y al Danubio. Richard Strauss, el bávaro, sin tener relación alguna con los mencionados, sí compartió apellido, y al igual que ellos también tuvo padre: padre y músico llamado Franz Joseph Strauss. En este caso, compositor e instrumentista de trompa en la Orquesta de la Corte de Munich durante cuarenta años. Mentor y primer maestro de su hijo, a quien ayudó en gran medida a llegar a la inmensa cumbre donde hoy se sitúa Richard, sin duda entre los más grandes. Como buen y agradecido hijo, también por las influencias domésticas, la trompa es instrumento destacado en la obra de Richard Strauss. A la temprana edad de 19 años escribió su Primer Concierto para Trompa y Orquesta en mi menor op. 11, dedicado a su progenitor. Una obra clásicamente romántica, donde ya apuntaba maneras de gran compositor. La friolera de sesenta años más tarde, Richard volvería a la trompa solista escribiendo su Segundo Concierto para Trompa y Orquesta, también en la tonalidad de mi menor. Fue escrito en 1942 en plena Segunda Guerra Mundial, en su retiro en los Alpes bávaros, y terminado en Viena, poco después del exitoso estreno en Munich de su última ópera Capriccio, y estrenado en el Festival de Salzburgo de 1943 con la Filarmónica de Viena dirigidapor Karl Böhm. Estamos ante una obra muy diferente a la primera para esta misma formación. Huyendo del virtuosismo extremo, de la tiranía de la técnica, y de las exuberancias de juventud, Richard esparce un sencillo fluido de melodías de gran lirismo y vuelo poético; casi un cantabile contemplativo, sin atisbos de tristeza o desolación. Buen ejemplo es el segundo movimiento del Concierto: un Andante con moto en el que el solista, sin sobresalir en exceso de entre el resto de metales, nos va haciendo olvidar que estamos respirando... (vídeo Barbebleuei) Peter Damm, trompa Staatskapelle Dresden Rudolf Kempe

Richard Strauss
(1864 – 1949)

Richard Strauss (11 de junio de 1864 - 8 de septiembre de 1949) fue un destacado compositor alemán del Romanticismo tardío y eras modernas tempranas. Es conocido particularmente por sus óperas, Lied y poemas sinfónicos. Strauss, junto con Gustav Mahler, representa el extraordinario florecimiento tardío del Romanticismo alemán después de Richard Wagner, en el cual delicadezas de orquestación vanguardistas son combinadas con un estilo armónico avanzado. La música de Strauss influenció profundamente en el desarrollo de la música en el siglo XX. Strauss fue también un destacado director.



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